Brokeback Mountain: En terreno vedado (Brokeback Mountain) - crítica | Cine Kane 3

Brokeback Mountain: En terreno vedado

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Sinopsis

Ang Lee dirige la adaptación del relato Brokeback Mountain, de Annie Proulx, publicado en The New Yorker en 1997.

Con la sensibilidad que demuestra en anteriores películas (El banquete de boda, La tormenta de hielo, Sentido y sensibilidad, Tigre y dragón), el director Ang Lee se traslada al Oeste americano para contar la historia de dos vaqueros que se conocen en el verano de 1963 y sienten una atracción mutua.

Ésta será el principio de una historia de amor que se prolongará a lo largo de los años, con la sociedad de valores tradicionales y machistas del Oeste americano como telón de fondo.

Intérpretes

Heath Ledger Ennis Del Mar
Jake Gyllenhaal Jack Twist
Linda Cardellini Cassie
Anna Faris Lashawn Malone
Anne Hathaway Lureen Newsome
Michelle Williams Alma
Randy Quaid Joe Aguirre
Kate Mara Alma Jr.

Ficha Técnica

Dirección Ang Lee
Guión basado en un relato de Annie Proulx Larry McMurtry y Diana Ossana
Fotografía Rodrigo Prieto
Música Gustavo Santaolalla
Montaje Geraldine Peroni y Dylan Tichenor

Crítica

Los cowboys del crepúsculo

Juan Zapater

A estas alturas, es de esperar que nadie se extrañe por el hecho de que un taiwanés se sumerja en la trastienda de la América profunda. No es la primera vez que Ang Lee se adentra en el escenario del western: Cabalga con el diablo. Ni tampoco se trata de su primera incursión sobre la intolerancia y la falta de respeto que cerca todo lo relativo a la homosexualidad: Banquete de boda. Y por supuesto, no estamos ante ningún novato en el arte de adaptar obras ajenas: Sentido y sensibilidad, La tormenta de hielo. Si además hemos de anotar que su versatilidad le lleva a conjugar el cine de superhéroes norteamericanos, The Hulk, con la tradición oriental del chambara, Tigre y dragón, daremos en reconocer que nada hay de insólito en que Ang Lee se vuelque en la forja de uno de los retratos más conmovedores sobre el amor y el erotismo entre dos hombres rodado en los últimos tiempos.

Por otro lado, afirmar que Ang Lee es un cineasta adaptable no invalida la percepción de que, pese a ello, las películas por él dirigidas, por más que se reclamen deudoras de un género, llevan indelebles algunas características comunes que revelan el imaginario de un autor más personal de lo que aparentan la heterogeneidad de sus películas y la discreción de su comportamiento.

Pero adentrémonos en este terreno vedado, (espantoso título castellano presuntuosamente explicativo) que crece en torno a dos vaqueros que se desean, se quieren y se entregan en el lugar equivocado y en un tiempo inapropiado. ¿O será el lugar inapropiado y en un tiempo equivocado? Para algunos, siempre se tratará de tiempos y lugares inapropiados y equivocados cuando lo que anda por medio es una opción homosexual. Y así lo rubrica el hecho de que el propio Ang Lee se mostrase en su estreno en la Seminci de Valladolid dubitativo sobre qué aceptación encontrará Brokeback Mountain en EE.UU. y qué zancadillas impedirán su normal proyección.

"No es relevante que quienes se aman de ese modo sean dos hombres, sino que su amor se ve lastrado por las convenciones, por el destino, por el miedo y por el desconocimiento"


Lo significativo del caso reside en observar que la vía narrativa escogida por Ang Lee evita toda estridencia. Estamos ante un cineasta elegante y austero, nada dado a provocaciones facilonas y muy respetuoso con el material que filma hasta el punto de diluir su autoría al servicio del filme más allá de lo recomendable. En tiempos de obviedades y excesos el tema de Brokeback Mountain hubiera desvariado hacia manifestaciones explícitas de provocativa evidencia. En ese sentido, podríamos convocar una lista interminable de títulos con historias de homosexualidad cargados de materia idónea para el escándalo. Pero paradójicamente en la mayoría de ellos su carga perturbadora apenas roza la superficie.

La cuestión que preocupa a algunos es que Brokeback Mountain se percibe como material de alto voltaje. Pero su potencia no surge del contexto. Es evidente que la reacción negativa que pueda recibir no estriba en el hecho de sus protagonistas sean dos vaqueros homosexuales. De chistes sobre el tamaño de las pistolas de los cowboys y de metáforas chuscas con sabor a Marlboro andamos sobrados.

Lo que conmueve a muchos y escocerá a algunos pertenece a una capa más profunda del relato cinematográfico. Y eso será así porque Ang Lee en Brokeback Mountain no reproduce la sensación sino que la produce. No recrea las emociones sino que las crea. Su material fílmico parece aspira a establecer un nuevo clasicismo. Y de acuerdo con ello, ni establece rupturas formales ni esboza quiebros narrativos para fragmentar el relato con lo que desorienta al espectador para ganar tiempo. En su lugar hay respeto por los personajes, sensibilidad por sus sentimientos, contención a raudales y una poderosa capacidad para penetrar en los recovecos de la psicología de estos dos vaqueros a los que el tiempo de la épica ya se les ha acabado.

"Heath Ledger y Jake Gyllenhaal componen dos arquetipos que extraen gritos del silencio y pasión desbordada de su hieratismo. De esa complicidad entre actores y director surge el que entiendo es su rasgo más notable"

Supongo que será un lugar común anteponer este retrato del cowboy crepuscular al del samurai agónico del Gohato de Nagisa Oshima. Ambos filmes asisten al final de un tiempo épico y ambos comparten análogo sentimiento trágico en el que la homosexualidad cobra una importante presencia. Atravesados por la misma emergencia, sin embargo ambos derivan en planteamientos narrativos muy distintos.

En el caso que ahora nos ocupa, a Ang Lee le interesa más el primer plano que la crónica histórica. Su primera preocupación emana de la devoción y distancia con la que retrata a sus dos principales personajes. En ese sentido, Heath Ledger y Jake Gyllenhaal componen dos arquetipos que extraen gritos del silencio y pasión desbordada de su hieratismo. De esa complicidad entre actores y director surge el que entiendo es su rasgo más notable. En muchas fases del filme, la historia de amor, eso y no otra cosa es esta película, se convierte en modelo que deshace los prejuicios de género. Básicamente se han recogido las historias de amor homosexual desde la denuncia o desde la exaltación. Brokeback Mountain lo hace desde la normalidad.

No es relevante que quienes se aman de ese modo sean dos hombres, sino que su amor se ve lastrado por las convenciones, por el destino, por el miedo y por el desconocimiento. Lo que pueda violentar a algunos reside precisamente en este aspecto fundamental en el cine de Lee. No ha sido frecuente ver en la pantalla dos hombres amándose sin que el subrayado estribe en el hecho de su homosexualidad. Frente a ello Ang Lee cuenta esta historia con la misma actitud que Pollack rodó Memorias de África o Eastwood, Los puentes de Madison. Esa convencionalidad será la que más altere a los que siempre se alteran al ver que para el público el hecho de que los dos amantes sean del mismo sexo carece de toda importancia.

Al margen de ello, Ang Lee vuelve a incidir en sus dos grandes obsesiones. Una es ese espacio, a menudo vacío en su cine, destinado a la figura paterna. O dicho de otro modo, el espacio de esos pasos hollados en la infancia y cuyas huellas jamás se borran del todo. El otro, casi siempre se interrelaciona con el anterior. Me refiero al final de un tiempo y el comienzo del otro, ese instante fronterizo que marca la hora de la crisis y el cambio. Por eso da lo mismo que sus relatos tengan lugar en la costa Oeste de hace 20 años que en la China milenaria. El cine de Lee se construye sobre ambos planos y es en la intersección entre ambos cuando Lee da lo mejor de sí mismo. En Brokeback Mountain entramos en un territorio lleno de esos intersticios que con tanta destreza maneja este autor tranquilo.

Crítica publicada en el número 4 de Kane3 (enero 2006)

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