Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa en el 2008.
El film narra la verdadera historia de Salomon Sorowitsch, falsificador extraordinario y bohemio. Tras ser enviado a un campo de concentración alemán en 1944, acepta ayudar a los nazis en una organizada operación de falsificación.
Se trató de la mayor estafa de la historia. Se imprimieron más de 130 millones de libras esterlinas, en unas condiciones que no podían ser más trágicas o espectaculares. Durante los últimos años de la guerra, como el Reich alemán veía que el final estaba cerca, las autoridades decidieron producir sus propios billetes. En el campo de concentración de Sachsenhausen, se aislaron dos barracones para transformarlos en un taller de falsificación perfectamente equipado. Había nacido la "Operación Bernhard".

Audio: Alemán (V.O), castellano, catalán.
Subtítulos: Castellano.
EXTRAS:
-Making Of.
-Escenas eliminadas.
-Tráiler.
Distribuidora: Cameo.
Fecha de lanzamiento: 15 de octubre 2008.
Precio: 15,95€
| Karl Markovics | Salomon Sorowitsch |
| August Diehl | Adolf Burger |
| Devid Striesow | Friedrich Herzog |
| Dolores Chaplin | La mujer pelirroja |
| August Zimer | Dr. Klinger |
| Marie Bäumer | Aglaia |
| Dirección y guión (basado en "The Devil´s Workshop", de Adolf Burger) | Stefan Ruzowitzky |
| Producción | Josef Aichholzer, Nina Bohlmann, Babette Schröder |
| Coproducción | Caroline von Senden, Henning Molfenter, Dr. Carl L. Woebcken |
| Fotografía | Benedict Neuenfels |
| Montaje | Britta Nahler |
| Música | Marius Ruhland |

El peligro de llevar a cabo una obra audiovisual de contenido histórico es doble. Por un lado, un filme se enfrenta con el rigor. Así, debe hacer frente a los puristas que denuncian determinadas licencias en favor de un mayor dramatismo. Buenas y malas películas a lo largo de la Historia de Cine han sido atacadas con armas inspiradas en este punto de vista. Por otro lado, si un filme se centra en un período de la Historia usado con frecuencia, corre el riesgo de narrar una vez más lo que ya se ha narrado con anterioridad. Numerosos ejemplos tenemos también de esta opción. Un pequeño ejercicio mental de imaginar películas situadas cualquiera de las guerras mundiales, por poner un ejemplo, nos dará una clara respuesta a esto.

Los falsificadores se sitúa en un punto intermedio de estas premisas y sale bien y mal parada en términos equitativos. Si bien, se centra en uno de los periodos más lamentables de la historia del Hombre, el exterminio judío en los campos de concentración, tema llevado a la gran pantalla en multitud de ocasiones, logra imprimir un nuevo giro en la propuesta al incluir una perspectiva moral en los presos de un campo de concentración, un aspecto que no estamos demasiado acostumbrados a ver en este tipo de películas. Sin embargo, pese a la perspectiva moral que adopta el filme no se aleja demasiado de los puntos comunes en otras producciones del género (no tanto el subgénero del exterminio judío como el de película de presos).
"¿Es posible jugar al ping pong en un campo de concentración mientras a pocos metros de distancia hay personas que están siendo torturadas hasta la muerte?", se plantea el director Stefan Ruzowitzky en una entrevista para el pressbook de la película. Este interrogante bien podría resumir eficazmente la trama de la película pero a la vez el trasfondo peculiar de Los falsificadores. Porque de eso trata el filme y ése es su principal valor: pretende poner sobre la balanza dos conceptos, el del pragmatismo frente al idealismo. Lo inteligente de la propuesta del director austriaco es que no responde a esta cuestión. Sería complicarse demasiado y, sobre todo, no sería honesto con los personajes que muestra su película. Sencillamente los deja actuar con libertad y pese a lo tremendo de lo que presenta, los personajes se relacionan entre si con muchísima solvencia.
"¿Salvar la conciencia o salvar la vida? El dilema moral se muestra sin grandilocuencias. El director opta por una mirada comprensiva"

Ruzowitzky muestra la historia de Salomon Sorowitsch, un judío víctima de las atrocidades nazis que tuvo que luchar para sobrevivir en la insoportable infravida de los campos de concentración. Él será el protagonista principal de la Operación Bernhard, la mayor estafa de la historia, que trató de introducir libras y dólares falsos aunque prácticamente reales, producidos por los mismos presos judíos, en las economías de los países aliados. La película refleja con eficacia el conflicto moral al que se enfrenta el personaje principal. Salomon tiene que lidiar entre la colaboración con las fuerzas nazis o bien la muerte segura en los barracones del campo.
El idealismo que estará encarnado por la figura de un joven revolucionario frente al pragmatismo de Salomon y otros hombres que intentarán sobrevivir lo mejor que puedan a ese calvario. ¿Salvar la conciencia o salvar la vida? El dilema moral se muestra sin grandilocuencias. El director opta por una mirada comprensiva. Quiere dar tregua al espectador y mostrar la dureza de la experiencia pero a la vez mostrar un halo de esperanza y, sobre todo, de indulgencia frente a sus personajes. Recuerda esta mirada, aunque no tenga la misma rotundez visual, a lo que en otro formato realizó Art Spiegelman con su novela gráfica Maus.

Otro de los puntos destacados de la película reside en la interpretación de los actores. De hecho, Karl Markovics, el actor principal que interpreta a Salomon Sorowitsch, recibió el premio al Mejor Actor en el último Festival de Cine de Valladolid. Su creación del personaje es de lo más efectiva. La corporalidad con la que lo recrea mezcla la fragilidad del preso con un toque de matón gangster que lo convierte en algo muy impactante. Su aspecto físico unido al acierto del director de adoptar el tango como recurso musical de unión entre las diferentes secuencias en la que se está presente dota a su creación de muchísimo peso.
Lo mejor que se puede decir de Los falsificadores es que está rodada con elegancia, con buen pulso y que refleja a la perfección el ambiente que quiere mostrar, lo peor posiblemente es la sensación haber visto antes el filme que permanece tras el visionado. La sensación de que la película se diluirá pasado un tiempo prudencial en el conjunto de filmes que tratan sobre el exterminio judío. Alguna que otra concesión hacia la ortodoxia en la creación de personajes -frente a la fuerza visual e interpretativa del protagonista, algunos secundarios quedan demasiado desdibujados y sus tramas son demasiado esperables - quitan fuerza al conjunto. Con todo, resulta, en general, una película recomendable.
Alberto Figueroa
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