Si el detective Nero Wolfe (memorable personaje creado por el escritor Rex Scout) resolvía los más difíciles casos de asesinato sin moverse de su confortable domicilio ni visitar jamás los escenarios del crimen, basándose sólo en el análisis de las pruebas recogidas por sus ayudantes, el doctor Gregory House (un Hugh Laurie en el, de momento, papel de su vida) ha convertido la práctica de la Medicina en un acto igual de intelectual, distante, deshumanizado... e infalible. De carácter huraño, poseedor de un ingenio afiladísimo y un humor negro capaz de convertir cualquier réplica sarcástica en todo un hilarante jaque mate, estamos, sin duda, ante el médico más atípico de la historia de la televisión.

Por Antonio Trashorras
Comenzando por su propia estética (cojo, siempre sin afeitar, reacio a usar la bata blanca) y siguiendo por su peculiar aproximación emocional a la práctica de su profesión, la cual le lleva a dedicarse con entusiasmo a los casos difíciles y a aburrirse soberanamente (cosa que jamás disimula) con los diagnósticos más sencillos. Pero quizá la prueba definitiva de que House es un doctor absolutamente distinto a cualquier otro es su tajante negativa a intercambiar siquiera unas palabras con sus pacientes.

Los motivos son dos: 1) en general, no le gusta tratar con la gente (apenas tiene un amigo, el doctor James Wilson: Robert Sean Leonard); y 2) está convencido de que la mayoría de los pacientes mienten (o se equivocan) a la hora de describir sus síntomas o detalles cruciales de sus vidas privadas. Por ello, al igual que Nero Wolfe con sus casos criminales, el peculiarísimo House convertirá el proceso de curar en un frío y meticuloso acto de deducción a partir de los fríos datos obtenidos por los miembros de su equipo, cuatro jóvenes y brillantes médicos que viven continuamente fascinados por la genialidad de su poco convencional jefe.
Pragmático extremo con maneras de stand up comedian de la facción más corrosiva imaginable (algunos de sus oneliners más crueles serían dignos de un monólogo del fallecido Bill Hicks), para Gregory House, el enfermo ideal no es quien busca un médico que le consuele en su dolor o empatice con sus padecimientos, sino aquel que, simplemente, colabora sin rechistar en todo cuanto los especialistas a su cargo solicitan de él.
Así, la tesis del poco menos que infalible doctor no es otra que la única forma de evitar los errores en los diagnósticos: eliminar de la ecuación cualquier posible rastro de factor humano (es decir, las opiniones, percepciones y declaraciones del propio afectado), para centrarse en la absoluta fiabilidad de los resultados que la actual tecnología pone a disposición de los doctores.
"Objeto de entusiasmo entre la crítica debido sobre todo a la contundente interpretación de Laurie y lo adictivo de sus guiones"

Producida por Paul Atanasio, Katie Jacobs, David Shore y el cineasta-estrella Bryan Singer (director, además, del primer capítulo), House resulta, con mucha diferencia, el drama hospitalario post-Urgencias más estimulante, original y divertido de cuantos han surgido en estas últimas temporadas (a mi juicio, por encima de los también interesantes Scrubs y Anatomía de Grey).
Transgrediendo las fronteras del género médico, el modo de aproximarse a las sucesivas tramas episódicas articuladas alrededor de una "enfermedad de la semana" sorprende por el afortunado toque de misterio e incluso directamente detectivesco, que sus creadores han tenido la inspiración de aportar.
En el apartado meramente formal, esta vuelta de tuerca de las series de suspense, en donde los villanos son enfermedades (otro modo de etiquetarla), sigue la estela de la exitosa C.S.I a la hora de mostrar mediante fulgurantes insertos, zooms, animaciones del funcionamiento de ciertos órganos y planos detalle retocados digitalmente de rincones pequeñísimos de la anatomía de los pacientes, además de recurrir a vistosos efectos especiales que convierten en espectáculo la mera visión de una radiografía o un escáner cerebral.

El joven pero preparadísimo equipo que rodea al doctor House en el hospital universitario de Princetown, donde presta (aunque a regañadientes) sus servicios, está compuesto por el neurólogo Eric Foreman (Omar Epps), la inmunóloga Allison Cameron (Jennifer Morrison) y el internista Robert Chase (Jesse Spencer).
Lo curioso es que, pese a la brillantez incuestionable de todos ellos, las razones por las que House ha elegido a cada uno van más allá de la pura valía profesional, entrando de lleno en lo puramente humano, ya que, de alguna manera, todos cuentan con detalles conflictivos en su vida privada o secretos en su pasado, que los convierten en personas "interesantes" a ojos del inteligentísimo doctor. Completa el reparto el personaje de la férrea administradora del hospital, la doctora Lisa Cuddy (Lisa Edelstein), de carácter controlador y tendente a la escrupulosidad burocrática, con la cual House, acostumbrado a actuar con absoluta libertad, mantiene un tensa pero irónica relación de equilibrio.
Seguida por una media de 14 millones de espectadores en Estados Unidos y objeto de entusiasmo entre la crítica debido sobre todo a la contundente interpretación de Laurie y lo adictivo de sus guiones, House fue estrenada en nuestro país por FOX (sin duda, el mejor canal de series del momento) y, a continuación, emitida en abierto por Cuatro. Como anécdota final, decir que la empresa eBay ha subastado en Internet el bastón usado por el protagonista durante la primera temporada de la serie. La cifra alcanzada ha marcado un récord por encima de fetiches similares de series tan famosas como 24, Los Soprano, Buffy o Alias.
Artículo publicado en el número 6 de Kane3 (marzo 2006)
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